Tapa dura lavable, y caja

Las tapas para un libro de más de 4 kg que se consultará repetidamente son un tema a pensar con cuidado: de tela se llenan de polvo y las perjudica particularmente la humedad (¡y el café!); con film plástico brillante se marcan, e incluso sin las marcas chillan visualmente de manera muy poco semperiana; una sobrecubierta protectora duraría días antes de hacerse jirones.

En esta edición la tapa dura está recubierta con un laminado de polipropileno mate con superficie aterciopelada, agradable al tacto. El polipropileno ofrece una terminación flexible y resistente que además puede limpiarse con un paño húmedo.

Abajo el aspecto de un ejemplar usado ininterrumpidamente durante dos meses, 8 horas diarias. En la primera foto la contratapa, con puntos en que el rozamiento le quitó la terminación mate, antes de cualquier limpieza; en la segunda la tapa, luego de pasarle un paño húmedo en su mitad superior.

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Agradecemos las fotos al ovetense Daniel Dávila Romano, quien se dice acusado por sus amigos de maltratador de libros, que con su concienzudo estudio del texto ha puesto a prueba la calidad de la encuadernación primero y la lavabilidad de las tapas después.

El interesado en minimizar la acumulación de polvo y el rozamiento cuenta además con la opción de adquirir la edición con caja contenedora, que probablemente estará fuera de lugar en los anaqueles de una biblioteca universitaria pero muchos valorarán para su biblioteca particular en un libro intemporal en su contenido y extremadamente duradero en su construcción.



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