domingo, 26 de septiembre de 2010

Acerca del “plano capitolino de Roma”

[1955] Martes 14 de junio. Borges, con quien hablé ayer y hoy, comenta el tipo de artículos que hacían en el siglo XIX los ingleses: los de Macaulay, para la Westminster Gazette, los de Froude o los de Arnold, que eran verdaderos tratados sobre un tema; no fingían dirigirse a un público que todo lo sabe; eran informativos —como artículos de enciclopedia— y críticos. Los artículos de crítica de hoy parecen dirigidos a un público que todo lo sabe, salvo el tema de ese artículo: son menos ingenuos, menos elegantes y solamente alusivos; contribuyen a la ignorancia, a que la gente se acostumbre a leer sin comprender.
Adolfo Bioy Casares, Borges


El estilo es un libro redactado para ser comprendido. Semper era ante todo un arquitecto, y además un docente reconocido y querido, y en su texto estaba presentando una “Estética práctica”. Tanto en la estructura del libro como en el estilo de redacción, lo que en el texto original puede en una primera mirada parecer demasiado extenso o recargado generalmente está destinado ante todo a hacer claro e inequívoco el mensaje que se está dando; el efecto es que cada punto de la construcción argumental que Semper va realizando adquiere gran solidez, lo que permite cómodamente usarlo luego de base para otras reflexiones y planteos.

Para el lector actual, en cualquier idioma, varios factores conspiran para quitarle al texto original esa claridad que indudablemente Semper buscó, y que indudablemente tendría su mensaje para sus lectores de aquel entonces. No hay traductor de texto alguno de Semper que no haya dedicado una parrafada del prefacio a las dificultades que plantea su interpretación.

Mi intención original de producir un texto en español que no perdiera nada del contenido, énfasis y estilo del original, pero evitando a toda costa la redacción de notas del traductor (suficiente responsabilidad con la traducción, pensaba), pronto se demostró errada: las notas son indispensables para comprender el contexto, y muchas veces el mensaje más inmediato, además de su tono general y matices, y sin ellas el lector quedaría forzado a hacer una pequeña investigación cada varios párrafos, o más probablemente a resignarse y acostumbrarse a continuar leyendo dejando en el camino conceptos sin comprender. Si Semper consideró que merecía escribirse es que merece entenderse claramente, pasé a pensar, lo que dio lugar a una serie de agregados al texto original entre los cuales están las notas al pie.




Refiriéndose en un momento a los atrios de las viviendas romanas, Semper dice
Estas particiones no se extendían hasta la altura total de la sala, con lo que quedaba visible el arreglo superior, cuyo efecto probablemente resultaba realzado a partir de este ocultamiento de lo que estaba por debajo. Es totalmente imposible imaginarse al atrio sino unificado, y al mismo tiempo articulado por arreglos interiores móviles. Ciertamente que estos arreglos aparecen en un desarrollo posterior, o mejor dicho en una posterior osificación de la idea, como verdaderas paredes de mampostería, realizadas en piedra, pero también a éstas debemos entenderlas como mamparas que dejan abierto en lo alto el espacio que encierran, que quedaba cubierto solamente por el cielorraso del atrio. 
La mayoría de los atrios de Pompeya e incluso los del plano capitolino de Roma [die auf dem kapitolinischen Grundplane von Rom] son de este tipo posterior […]
¿“El Plano Capitolino”? La traducción al inglés de la edición del Getty Research Institute, built according to the Roman Capitoline plan, no me sacaba de mi desorientación. ¿Se trataba de un plan general para el Capitolino que incluía precisiones sobre el diseño de los palacios? ¿Se refería a un tipo de palacio, “el de planta capitolina”? No sólo nunca había escuchado nada semejante, sino que todas las interpretaciones que se me ocurrían me parecían muy poco romanas. Tras algunos forcejeos y frustraciones, Google y Google Books permitieron dilucidar el asunto.

La nota al pie que aparecerá en esta edición dice:
N. T. E.: “el plano severiano” conocido como Forma Urbis Romae, Severiana o Marmorea; un plano de Roma de 18 x 13 m, realizado en mármol entre 203 y 211, bajo Septimio Severo, se estima que copiando los registros catastrales depositados en el edificio que decoraba como mural; la escala es 1:240 (una pulgada igual a veinte pies; la escala usada en los registros catastrales romanos) y muestra las plantas bajas de la mayoría de los edificios de todo tipo. Originalmente estaba colocado en la pared del Templo de la Paz, que durante la Edad Media se fue deteriorando progresivamente, siendo su mármol retirado para su uso en construcción y elaboración de cal; en 1562 se hallaron dispersos en el terreno más de mil fragmentos que representan alrededor de un 10% de la superficie original del plano, que se preservan en el Palazzo dei Conservatori de los Museos Capitolinos [!!!].

Traduzco a continuación parte de la descripción de un fragmento disponible en la respectiva página del Stanford Digital Forma Urbis Romae Project y recomiendo enormemente todo el sitio (sólo la foto del fragmento y un comentario mínimo aparecerán como información adicional en el libro).

Forma Urbis Romae. fragmento 11e; ancho unos 40 cm, representando unos 96 m
[Gentileza de Stanford University, Stanford Digital Forma Urbis Romae Project.]
Una calle atraviesa horizontalmente la parte superior del fragmento. Comenzando desde la derecha, está flanqueada en su lado superior por una serie de edificios con tabernae [locales comerciales] al frente, una sección de departamentos sobre un pasillo, y finalmente por un agrupamiento de habitaciones aparentemente inaccesibles desde la calle. Numerosas escaleras [indicadas en el plano con unas especies de galones o puntas de flecha] sugieren que todas estas unidades eran estructuras de varios pisos. Nuevamente de derecha a izquierda, en el lado inferior la calle está flanqueada por una galería cubierta que forma el frente de tabernae opuestas por los fondos. Una abertura con una escalera en el medio de la hilera da acceso a las estructuras superiores. A la izquierda de esta sección hay tres casas en atrio de igual tamaño y forma. Más allá de algunas diferencias en la disposición del atrio, las tres tienen al frente negocios a ambos lado de la entrada central, las fauces; los atrios conducen a través del tablinum [la sala principal, generalmente comedor, aunque también sala de recepción, oficina, y a veces dormitorio principal] a un gran peristilo [jardín rodeado por galerías] en el fondo. En las tres casas, un oecus [sala que abre al peristilo; generalmente comedor o sala de recepción] abre al fondo sobre el peristilo flanqueado por dos pequeñas habitaciones. Excepto en la casa del medio, hay habitaciones menores que enmarcan el atrio a cada lado. A la izquierda de las casas en atrio se ve la esquina superior derecha de un gran patio; parece contener dos pequeños cuadrados, quizás fuentes o altares. 




El reconocer en la Roma de Septimio Severo exactamente los tipos de uso del espacio a los que estamos acostumbrados hoy, la sensación de que si nos soltaran en Roma del año 200 nos resultaría fácil orientarnos (y hasta leer y comunicarnos, chapurreando un latín cocoliche a partir de nuestro español), no pueden no tener un efecto sobre el diseñador que tiene que tratar con esos modos de uso y tipos espaciales. Se hace inmediatamente palpable la naturaleza histórica de nuestro pensamiento y acción proyectual; la manera en que somos, entre otras cosas, históricamente.

La referencia al Plano Severiano tiene un efecto particularmente potente, además, porque estamos hablando de la reproducción de un plano catastral, algo sacado del quehacer cotidiano de los arquitectos. La escala 1:240 resultará familiar para quienes hayan trabajado en las unidades hoy llamadas “imperiales”, habituales en todo Occidente hasta no hace tanto, y todavía usadas en EE.UU.; la dimensión particular del pie y su doceava parte, la pulgada, han variado muy levemente según el lugar y la época hasta normalizarse en las actuales (hasta finales del siglo XIX todavía había tablas de conversión entre los pies y pulgadas prusianos, sajones, ingleses, españoles, etc.), pero al dibujar un plano de sitio en escala “de veinte pies” (es decir 1" = 20 x 12", 1:240, cualquiera sea la medida del pie) se hace hoy exactamente lo que los romanos hacían para sus tramitaciones municipales.

La manera informal en que Semper se refiere al “plano capitolino”, sin sentir necesidad de mayor precisión, hace pensar que el tema sería algo conocido por los lectores a los que apuntaba con su manual de estética práctica para arquitectos, artistas, técnicos y aficionados. Las notas al pie, que originalmente había querido yo evitar a toda costa y que en el curso del trabajo han sido uno de los varios temas que se impusieron por voluntad propia, permiten comprender lo que Semper está diciendo, y dan además pinceladas de color al contexto en el que Semper presentaba su argumento.

Como dice Harry Francis Mallgrave en su introducción, Der Stil ofrece (además de todo lo demás) “una magnífica perspectiva hacia las complejidades del pensamiento alemán del siglo diecinueve, sus más altos sueños y aspiraciones”. Entre esas características llama la atención en Der Stil el aplanamiento de la historia, la manera en que todo fenómeno histórico adquiere vida y se vuelve relevante para el presente, es decir para operar sobre el futuro; al leerlo el diseñador se siente parte de una gran familia de diseñadores que han estado ocupándose de problemas similares desde el comienzo de los tiempos, y de alguna manera acompañado por ellos. Las notas deberían ayudar a que ese mensaje surja con su plena potencia original.

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